musica para primaria

jueves, 15 de abril de 2010

LA EDUCACION MUSICAL EN SECUNDARIA

LA EDUCACION MUSICAL EN LA ESCUELA SECUNDARIA
Belinda León Dorval
Egresada de la NORMAL
La educación musical es todo un proceso en la formación integral de los educandos, el cual posibilita que éstos adquieran conocimientos que les permiten apreciar las obras musicales con las que llegan a familiarizarse y a interpretarlas a través del canto coral y la práctica instrumental. Asimismo, fomenta la creatividad estética en varias dimensiones, tales como la expresión corporal y la composición musical.
Al llegar a la escuela secundaria, los alumnos, generalmente, carecen de una preparación musical, por lo menos elemental. Ese defecto de su formación escolar es algo ya conocido y aceptado por todos en el medio educativo, particularidad que ha dado lugar a que el maestro de educación musical empiece su trabajo desde cero. La realidad de esta situación es indudable y explica, en parte, el atraso de la educación musical en nuestro país. Quizá esto se deba a que dicha educación ha sido vista sólo como una actividad que transforma a nuestros alumnos en curiosos tocadores de flauta, aun cuando se trata de uno de los aspectos más relevantes de su formación integral.
El trabajo del maestro de música de la escuela secundaria es complejo y difícil, ya que está dirigido a estudiantes adolescentes que viven inmersos en un mundo lleno de música. Esta abundancia musical que satura el ambiente social y que pudiera pensarse que los beneficia, influye en ellos de manera negativa por la franca ausencia de calidad de las composiciones que los medios de comunicación masiva divulgan indiscriminadamente. A eso hay que agregar la inmoralidad que expresan las letras de esas "obras", alabando a delincuentes (canciones dedicadas a narcotraficantes, a criminales y a ebrios) o haciendo alarde de expresiones soeces y de doble sentido.
El alumno que vive en un medio como ése llega a la escuela con la idea de que así es la música. Esa manera de ver las cosas representa para el maestro un reto del que tiene que salir airoso. No debe oponer sus juicios y conceptos a los de sus alumnos, sino ser tolerante en cuanto a sus preferencias, porque necesitaría invertir mucho tiempo buscando que las cambiaran. Insistir en este propósito sería orillarlos a rechazar la clase y, con ello, a hacer a un lado la educación musical.
Así como en la sociedad conviven toda clase de personas, de ideas, de creencias y de costumbres, también en la música se manifiesta una gran diversidad de expresiones que va de lo más refinado a lo más burdo. No corresponde al maestro eliminar alguna de esas expresiones; más bien le toca cultivar en sus alumnos el conocimiento y la afición por la música bella. Fomentar el gusto por una cultura musical no quiere decir que el maestro deba intentar que sus alumnos se transporten a las alturas escuchando a Bach o a Mendelssohn; no, es mucho más importante capacitarlos para apreciar, distinguir y disfrutar la música popular, de valor indiscutible, y la música de concierto, ambas creadas en casi todos los países, incluido México, y en todas las épocas. El maestro de música debe esforzarse por formar en sus alumnos una cultura musical que eleve su capacidad para apreciar el arte y para que haga más placentera su vida personal y social, utilizando los conocimientos que la escuela secundaria les proporciona.
La importancia de la educación musical es evidente, puesto que su presencia en las actividades escolares es imprescindible por su acción formativa y su trascendencia en la personalidad de los alumnos. La clase de música favorece el desarrollo de las capacidades psicomotoras y de expresión del educando, facilitándole el acceso al mundo del arte.
Es imperioso señalar que, a través de la educación musical, no sólo es posible alcanzar los objetivos propios de la materia, sino también los morales, cívicos y sociales. Robustecer el amor a la patria, el respeto a sus símbolos, la conservación del medio ambiente y la solidaridad entre todos los miembros de la sociedad, son propósitos de la acción educativa en general, así como la formación de valores, entre los que destacan la honradez, la puntualidad, la honestidad, etc. Cultivarlos por medio de la educación musical es algo que debe hacerse sin ninguna limitación.
El programa de estudio señala que la educación musical debe comprender los aspectos teórico y práctico con el objeto de alcanzar los niveles de apreciación que contempla el plan anual de actividades del maestro. Puede decirse que abarca desde la información histórica -pasando por la práctica instrumental- hasta las correlaciones lógicas y naturales con los contenidos de las demás asignaturas. Todo ese proyecto culmina en el campo que corresponde a la identidad nacional. La amplitud del programa supone que los estudiantes adquirirán, a lo largo de los tres años de su tránsito por la escuela secundaria, los conocimientos básicos y de cultura general con los que podrán identificar y expresar los motivos más relevantes pertenecientes al ambiente de la música. Este propósito da al alumno de secundaria la satisfacción de saber y de conocer las variadas aportaciones que han enriquecido el acervo artístico de la humanidad.
El maestro de educación musical realiza su trabajo docente basado en una programación de la que toma los elementos para dosificar los contenidos y elegir las estrategias didácticas que pondrá en práctica. En lo que se refiere a los libros de texto, éstos son valiosos auxiliares para el maestro y herramientas útiles para los alumnos. Pero el maestro tiene que hacer una selección de lo más importante, pues el exceso de información termina por agobiar al estudiante; de ahí la importancia de dicha selección ante la posibilidad de cumplir con los requerimientos fundamentales de la educación musical.
En cuanto a la práctica coral, es el auxiliar más notable y reconocido por la comunidad escolar. Las voces educadas de los adolescentes lucen cuando entonan el Himno Nacional o cualquier otro canto. Se nota de inmediato el trabajo realizado y el interés que su calidad interpretativa despierta entre los demás alumnos. La población escolar, en general, aprecia la excelsitud de la música y demuestra que puede introducirse en ese mundo artístico que en un principio le pareció vano e insignificante. Motivarlos es parte sustancial de la labor del maestro; con una motivación adecuada el maestro logrará llevar a sus alumnos por el sendero del goce musical y quizá por el de la creatividad.
En lo que respecta al maestro de educación musical, su preparación académica es el cimiento sólido del edificio que construye con su trabajo cotidiano, trabajo que rendirá frutos abundantes sólo si se ve sabiamente auxiliado por su vocación magisterial. Parafraseando al pedagogo musical Edgar Willems, podemos decir que se instruye cuando se informa, se enseña cuando se adiestra y se educa cuando se forma. Y todo eso lo hace el maestro, impulsado por la fuerza que le confiere su vocación en el desempeño responsable de su labor.
Es correcto afirmar que muchos estudiantes, después de haber terminado el ciclo secundario, muy poco o nada saben de música; y lo es porque, en la mayoría de los casos, desconocen las características del ritmo, de la melodía y de la armonía, los tres elementos esenciales de la composición musical; porque son incapaces de identificar los sonidos que producen los instrumentos -piano, violín, timbal, flauta, oboe, fagot, arpa, violoncelo, etc.- y porque carecen de las nociones más sencillas para interpretar la lectografía musical, siendo por toda esa ignorancia analfabetos musicales. �En dónde, entonces, están los conocimientos que adquirieron a lo largo de tres cursos en la escuela secundaria? Si esto mismo pasa con el inglés y las matemáticas, debe reconocerse que algo pernicioso está ocurriendo en el sistema educativo. Para corregir esta falla el maestro debe planear su trabajo dosificando los contenidos temáticos; motivar a sus alumnos para propiciar que nazca en ellos el interés por la cultura musical; hacer activas y prácticas sus clases y evaluar continuamente el progreso que aquéllos muestren. De esa manera podrá estar seguro de que su labor va en ascenso. Si esto pudiera realizarse en todas las escuelas, no estaría lejano el día en que en alguna ceremonia cívica los estudiantes entonaran a coro, leyendo en el pentagrama, las notas de un canto nuevo. Entonces se comprobaría el paso fructífero de los estudiantes por las aulas de la escuela secundaria.

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